Días en Amsterdam
Tras unos días en Amsterdam, la verdad es que me ha llamado la atención la racionalidad holandesa. Teniendo en cuenta que el gusto por el sexo y las drogas son una característica cuasi innata del ser humano - no son las drogas inventos del siglo pasado -, creo que es encomiable al menos, el intento de racionalizar la oferta y canalizar la demanda de estos servicios, en la forma de luces rojas y bares de interior brumoso.
No voy a entrar a valorar ahora si el experimiento sale bien o si la mentalidad protestante / calvinista heredada en la forma de pragmatismo de los holandeses ha errado o ha tenido éxito, pero al menos, cabe apreciar el brutal contraste de esta forma de organizar las cosas con la mentalidad que aplican algunos ayuntamientos barriendo el problema de la prostitución debajo de la alfombra; llevándose el negocio fuera de la vista de los que pasean por el centro de la ciudad. Llevando el problema a otros ciudadanos y sin considerar jamás la posibilidad de mejorar las muchas veces insalubres condiciones de trabajo de las prostitutas.
Da el tema para un debate entre catolicismo y protestantismo. Sería interesante terminar de leerse ya de una vez a Weber, que tiene mucho que decir - y muy interesante - al respecto.
